Trompas de Falopio, origen de la mayoría de los cánceres de ovario.

Un estudio sobre el origen de los cánceres de ovario podría cambiar la forma de abordar esta enfermedad disminuyendo la tasa de mortalidad y ayudando al desarrollo de tratamientos menos invasivos.

Masa cancerígena en el ovario.

Si estos estudios lograsen confirmar que el inicio del cáncer de ovario efectivamente se encuentra en las trompas de Falopio, sería un gran paso en pos de la elaboración de tratamientos más efectivos.

El muestreo de este estudio consistió en células sanas de ovarios, células cancerígenas de ovarios, metástasis en distintos órganos y por último, pequeños tumores de las trompas de Falopio y pequeñas masas de células cancerígenas con mutaciones en el gen ‘p53’. Tras un análisis exhaustivo de los datos, se observa en pacientes con este tipo de tumor, que la región en la que se localiza el gen “p53” contenida en el cromosoma 17 se ha perdido. Gen que, en ausencia de expresión o expresión defectuosa, se relaciona con el desarrollo de ciertos tipos de tumores y podría suponer el inicio, también, del cáncer de ovario.

A su vez se observó que en las muestras tumorales de las pacientes también había pérdida de material genético, concretamente aquel que contenía los genes “BRCA1”, “BRCA2” o ambos. Adicionalmente, en las muestras de cuatro pacientes también se observó la ausencia de una región del cromosoma 10 en la que se ubica el gen “PTEN”.

En este estudio, se realizó una evaluación para determinar cuánto tiempo tarda en extenderse el tumor a partir de las trompas de Falopio, concluyendo con una cifra aproximada de ocho años y medio, periodo para que el STIC se extienda a todo el organismo (habiéndose extendido a los ovarios seis años y medio antes). Todos estos datos, concuerdan, como bien apunta el Doctor Velculescu, a lo que se enfrentan los médicos con sus pacientes, cuando se encuentran con la gran extensión del tumor en sus primeros diagnósticos.

Las implicaciones clínicas de estos descubrimientos son de una gran magnitud dado que podría implicar que las mujeres no tuvieran que someterse a tratamientos tan sumamente invasivos para sus organismos, como la extirpación de los ovarios, con las consecuencias hormonales que eso conlleva, reduciendo de manera indirecta el riesgo a padecer posteriores enfermedades cardiovasculares.

A la luz de esta investigación cabe remarcar que el siguiente paso ha de ser el desarrollo de nuevas técnicas de cribado, como la biopsia líquida, con el objetivo de detectar lo antes posible esta enfermedad.

María Elena Pacheco Rodríguez

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